QUIEN DECIDE IGNORAR SU HISTORIA ESTÁ CONDENADA A REPETIRLA
- Yazareth de Jesús Rosado Chávez

- 22 dic 2025
- 3 Min. de lectura

México, 1968. Nuestro país se preparaba para uno de los eventos deportivos más importantes del mundo: los Juegos Olímpicos. El gobierno mexicano había invertido alrededor de 150 millones de dólares para dicho evento deportivo y el entonces Presidente de la República, Gustavo Díaz Ordaz, había luchado por mantener al pueblo mexicano “tranquilo” en un momento de tensión social evidente.
No obstante, la tensión social, crecía como presión dentro de una olla de vapor que buscaba cómo salir, cómo expresarse, y encontró la mejor de las expresiones: las manifestaciones.
Manifestaciones que comenzaron en julio de 1968 por la represión violenta de estudiantes por parte de la policía, fueron en aumento cuando se sumaron diversos movimientos de sindicatos, personas agricultoras, trabajadoras e incluso quienes se quedaban a realizar las labores de cuidado en el hogar, que se manifestaban ya no solo por las represiones policiacas, si no por el descontento social de las políticas económicas drásticas y las reformas a las leyes que convertían las manifestaciones en delitos a perseguir, legalizando las represiones violentas en un sistema judicial de inquisición.
¿En qué terminó todo? En la Masacre de Tlatelolco ocurrida el 2 de octubre de 1968 en la Plaza de las Tres Culturas, donde el saldo de personas muertas es inexacto hasta ahora, pero supera, de manera extraoficial, las 300 víctimas.
Pero a las mexicanas y mexicanos parece que nos gusta tanto la historia de nuestro país que estamos repitiéndola: un partido en el poder que tiene más priistas de los sesentas que ninguno otro, con políticas públicas y reformas a las leyes que nuestros abuelas y abuelos bien las identifican, totalitario de todas las instituciones públicas, centralizando decisiones y presupuesto, y con represiones policiacas -y militares- con detenidas y detenidos políticos e incluso personas desaparecidas.
Ahora, ¿qué tienen en común un México de 1968 con un México de 2025? Dos cuestiones en realidad: 1. Eventos deportivos de talla mundial y, 2. Manifestaciones juveniles que terminan con represiones policiacas, detenidas, detenidos y personas desaparecidas.
En 2026, México será una de las tres sedes de la Copa Mundial de Fútbol de la FIFA, teniendo importantes juegos en estadios de Ciudad de México, Monterrey y Guadalajara.
A esto, se le suma la creciente ola de manifestaciones en contra de la ineficacia de la administración pública federal particularmente en materia de seguridad y economía, lo que ha dado como consecuencia movimientos de personas agricultoras que exigen garantía de precios justos, personas que se dedican al transporte como actividad económica que exigen seguridad en carreteras pues a diario son víctimas de delitos como extorsiones, robos, secuestros y hasta homicidios y, la manifestación más grande hasta ahora: la marcha de la Generación Z, con la finalidad de exigir mayor seguridad, legalidad y justicia a nivel nacional.
Sin embargo, ¿en qué han terminado estas manifestaciones? En represiones policiacas y ahora incluso por parte de la famosa Guardia Nacional -que es civil pero es militar, pero es civil-, con el despliegue de un mayor número de elementos policiacos y militares, sin acuerdos, con detenciones y desapariciones de personas manifestantes y sin políticas y/o soluciones reales por parte del gobierno federal.
Parece que la transformación que tanto nos ha vendido el partido político ahora en el poder y, por qué no decirlo, totalitario de las instituciones mexicanas, no es más que la regresión del México contemporáneo al México de nuestros abuelos, pues las y los integrantes del gabinete del poder ejecutivo federal están decidiendo ignorar la historia de nuestro país y se están condenando a repetirla con la represión de personas manifestantes, de tal forma que parece que la Cuarta Transformación de México no es más que transformar al México de los derechos humanos, el estado de derecho y la legalidad, en el México represor e ineficiente al más vil priismo de los años de nuestras abuelas, madres, abuelos y padres al que tanto culpan y al que tanto copian.
La verdadera esperanza de México es que no se repita una Masacre de Tlatelolco y que el gobierno federal, aprendiendo de la historia, en vez de repetirla, trabaje en dar soluciones eficientes y políticas públicas a la altura del discurso político.






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