NUEVA LEY GENERAL DE AGUAS: SOLUCIONES ANTE LA CRISIS HÍDRICA EN MÉXICO
- Luis Jesús Loera Pérez
- 22 dic 2025
- 4 Min. de lectura

ACCESO, GESTIÓN DE RECURSOS Y SOSTENIBILIDAD
La crisis hídrica que enfrenta México demanda respuestas contundentes, estructurales y sostenibles. El incremento en la presión sobre los acuíferos, la contaminación de cuerpos de agua, la expansión urbana y los efectos del cambio climático han provocado que amplias regiones del país vivan escenarios de estrés hídrico. Ante este contexto, la nueva Ley General de Aguas, recientemente aprobada, establece un marco jurídico renovado que fortalece el derecho humano al agua, recupera la rectoría del Estado en la gestión del recurso y plantea soluciones de largo plazo para garantizar la seguridad hídrica de la población.
Uno de los ejes centrales de esta ley es el fortalecimiento del derecho humano al agua y al saneamiento. La legislación establece una distribución clara de competencias entre los tres órdenes de gobierno (federal, estatal y municipal) de manera que se asegure la atención prioritaria al consumo personal y doméstico. Con ello, se garantiza que todas las personas cuenten con acceso efectivo al agua potable y a servicios de saneamiento dignos. Además, la ley impulsa la profesionalización de los organismos operadores, reconociendo que la prestación de estos servicios exige capacidad técnica, eficiencia administrativa y una planeación adecuada para responder a las necesidades actuales y futuras.
De igual forma, la rectoría del Estado sobre el agua queda plenamente reafirmada. La ley elimina la consideración del agua como una mercancía y prohíbe la transmisión de concesiones entre particulares, así como cualquier cambio de uso que no cuente con la autorización expresa de la Comisión Nacional del Agua (Conagua). Con estas medidas, se evita el acaparamiento y la especulación, prácticas que históricamente han generado desigualdades en el acceso al recurso. Asimismo, se fortalece el papel institucional y técnico de la Conagua, otorgándole mayores herramientas para supervisar, regular y sancionar prácticas irregulares que comprometan la disponibilidad del recurso.
El régimen de concesiones se ordena con una visión de equidad, certeza jurídica y responsabilidad social. La ley establece que todas las personas usuarias que cuenten con títulos vigentes mantienen íntegros sus derechos, ratificando que no existe retroactividad. También se conserva la regla que permite otorgar prórrogas por el mismo tiempo y bajo las mismas características. Con ello, se brinda estabilidad a los usuarios cumplidos, al tiempo que se establecen mecanismos más estrictos para prevenir abusos y corregir irregularidades en el manejo del agua.
La nueva Ley General de Aguas marca un avance sustantivo en materia de sustentabilidad y gestión eficiente. Se impulsa el reúso del agua conforme a criterios de sostenibilidad y protección ambiental, promoviendo que tanto industrias como municipios puedan aprovechar de manera más inteligente los recursos hídricos disponibles. Además, la ley eleva las sanciones administrativas por el mal uso, desperdicio o contaminación del agua y tipifica los delitos hídricos. Estas disposiciones no criminalizan al usuario común; se enfocan en castigar prácticas que lucran indebidamente con el recurso, que generan daños ambientales o que contribuyen a la corrupción en el sector.
Un punto de especial relevancia en la legislación es el respeto pleno a los derechos del sector agrícola. Los Distritos y Unidades de Riego conservan su autonomía para administrar las aguas concesionadas, conforme a sus propios reglamentos, sin afectación a sus facultades. La ley también impulsa la tecnificación del riego y reafirma el acceso del campo a programas de apoyo, como el Programa Especial de Energía para el Campo. Con ello, se reconoce la importancia del sector agropecuario en la seguridad alimentaria del país y la necesidad de modernizar su uso del agua para enfrentar los retos derivados del cambio climático.
La visión integral de la ley destaca la importancia de la responsabilidad compartida entre autoridades, usuarios y la sociedad en general. El Estado asume la obligación de garantizar la seguridad hídrica, pero también establece deberes claros para los concesionarios y usuarios, fomentando una cultura de corresponsabilidad que permita preservar el recurso para las próximas generaciones. El agua, entendida como un bien público y un derecho fundamental, requiere de un enfoque que equilibre los intereses sociales, económicos y ambientales.
En este sentido, la nueva Ley General de Aguas no solo atiende los desafíos actuales, sino que define una ruta clara hacia la sostenibilidad. Promueve el uso racional, ordena las concesiones, fortalece la supervisión, impulsa el reúso, sanciona el abuso y coloca en el centro el bienestar de la población. La crisis hídrica que vive México exige un marco jurídico sólido, capaz de garantizar el acceso equitativo al agua y de anticipar los retos futuros. Esta ley representa justamente ese instrumento: una apuesta por un país donde el agua sea gestionada con justicia, eficiencia y visión de largo plazo.
En conclusión, la aprobación de la nueva Ley General de Aguas constituye un avance histórico para México. Al priorizar el derecho humano al agua, reafirmar la rectoría del Estado, ordenar el régimen de concesiones y promover la sustentabilidad, esta legislación ofrece soluciones concretas ante la crisis hídrica. A través de ella, el país reafirma su compromiso con el bienestar presente y con la protección de un recurso indispensable para la vida y para el desarrollo de las generaciones futuras.


