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EL ESPECTRO DALÍ DE LA MOVILIZACIÓN MEXICANA

  • Foto del escritor: Lorena Cruz Garduño
    Lorena Cruz Garduño
  • 22 dic 2025
  • 2 Min. de lectura


Si el sociólogo Alberto Melucci, estudioso de la identidad de los colectivos sociales, pudiera observar el panorama mexicano actual, probablemente encontraría un fenómeno tan complejo como "abstracto y raro". Las movilizaciones contemporáneas han superado el ciclo biológico tradicional de las organizaciones rígidas para dar paso a redes descentralizadas y afectivas.


Este artículo se propone analizar cómo se está reconfigurando la participación ciudadana en las calles de México, examinando las demandas de la movilización social actual, la respuesta institucional del Estado y el impacto de este nuevo espectro de protestas, donde la identidad y el uso estratégico de lo digital son tan importantes como el espacio público.


CONTEXTO: DEL SINDICATO A LA CIUDADANÍA


La reconfiguración de la protesta se define por una transición de las demandas clásicas (salariales, laborales o de causa política partidista) hacia ejes de derechos, justicia y seguridad que interpelan directamente al ser y a la vida cotidiana. Dos casos emblemáticos ilustran esta dinámica: la persistente movilización feminista y las marchas cívicas recientes, como la popularmente conocida como la del 15 de noviembre (referida a movimientos en defensa del INE, temas políticos y seguridad).


LA MARCHA FEMINISTA


El movimiento feminista es el motor más potente y sostenido de la nueva participación. Sus demandas no surgen de la inconformidad con una política pública específica, sino de una falla estructural del Estado: la impunidad y la violencia endémica. No obstante, son las mas criticadas en los foros de internet y en medios de comunicación por “la agresividad” hacia monumentos, tachándolos como “no son las formas de pedir respeto”.


LAS MARCHAS CÍVICAS: NUEVAS OLAS DE INCONFORMIDAD PARTIDISTA


En contraste, marchas como la del 15 de noviembre responden a una lógica de defensa institucional. Estas movilizaciones articulan un miedo diferente: el temor a la regresión democrática, a la militarización o al debilitamiento de los contrapesos políticos.


ANÁLISIS DE LOS DOS MOVIMIENTOS CON LA REALIDAD MEXICANA


Ambos movimientos tienen en común la inconformidad con un gobierno que no logra cerrar la agenda de pendientes sociales. Sin embargo, su principal diferencia es la respuesta del Estado a sus demandas.


LA RESPUESTA DEL ESTADO: MINIMIZACIÓN, POLARIZACIÓN Y LA TÁCTICA DEL CERCO SIMBÓLICO.


La respuesta del Estado mexicano a la movilización social actual no ha sido primordialmente la represión física (aunque sí ocurre), sino la represión discursiva y la polarización afectiva, junto con una nueva gestión táctica del espacio público.


El efecto más preocupante es que la protesta ya no funciona como un mecanismo de deliberación democrática, sino como la conformación de ecosistemas políticos divergentes. La calle, amplificada por las redes sociales, es ahora un campo de batalla donde el objetivo no es convencer al adversario, sino reafirmar la identidad del grupo propio y descalificar al "enemigo".


CONCLUSIÓN: LA PERMANENCIA DEL CONFLICTO Y LA EXPERIENCIA INTERIOR


Hemos iniciado un ciclo de nuevas movilizaciones que, probablemente, no terminarán pronto. Seguirán surgiendo problemas que muchas administraciones no resuelvan, que censuren o ataquen, lo cual es altamente preocupante. El papel del Estado se ha redefinido como observador y controlador de la imagen pública de sus estados. Lo que sí parece persistir y crecer es la motivación profunda detrás del acto de protestar. 

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