SOBRE LA TRADICIÓN INTERVENCIONISTA EN AMÉRICA LATINA
- Angel Simón Trejo

- 18 ene
- 3 Min. de lectura

Históricamente la región de América Latina ha sufrido de diversas intervenciones por parte de Estados Unidos. Basta recordar hechos como el de Guatemala en 1954, tras la reforma agraria; la invasión a Cuba en 1961, durante la crisis de los misiles; Panamá en 1964, producto del conflicto por la soberanía del Canal de Panamá; o el golpe de Chile, en 1973, que culminó en la muerte de Salvador Allende y el ascenso de Pinochet. Estas y más operaciones evidencian el gran interés de Estados Unidos por mantener una esfera de influencia en el continente.
En el ámbito de las relaciones internacionales, la creciente globalización e interdependencia de los Estados han convertido los conflictos y coyunturas en fenómenos cada vez más complejos. De modo que la geopolítica se vuelve un campo de estudio que debe incorporar todas las variables posibles para la comprensión de los diversos procesos que experimentamos día con día.
De este modo, la reciente operación militar estadounidense en territorio venezolano no se puede entender únicamente a partir de los hechos inmediatos de este 2026. Debemos tomar en cuenta 4 variables: la Política del Gran Garrote; la guerra ideológica-comercial entre occidente y oriente; la crisis global del petrodólar; y por último la desilusión de diversos pueblos frente a la denominada “marea rosa”.
La política exterior norteamericana en la región latinoamericana se ha caracterizado por la Política del Gran Garrote, mecanismo implementado durante el gobierno de Theodore Roosevelt para defender los intereses de Estados Unidos y sus empresas en la región mediante la fuerza y la negociación. Actualmente, a pesar de ya no usar la intervención militar, sí existe un sistema de coerción materializado en medidas como la imposición de aranceles y bloqueos económicos.
Además, debemos tomar en cuenta las numerosas inversiones que se han hecho, principalmente por China, en países como Venezuela, Cuba y Brasil, encendiendo las alertas en Washington. En este sentido, la presencia de capital oriental suponía desafiar la hegemonía norteamericana. Mantener el control de esta esfera de influencia lejos del bloque no occidental se convirtió en la prioridad principal para los EE.UU.
Otro elemento crucial es la inminente crisis del petrodólar que vive el país norteamericano. China, en conjunto con países como Rusia, Irán, Venezuela o Arabia Saudita, ha impulsado el intercambio comercial del petróleo en yuanes, desafiando la condicionalidad de compra de petróleo en dólares. Occidente y oriente se enfrentan en una lucha por el dominio energético, comercial y del poder global.
Por último, el desgaste de las izquierdas y gobiernos ineficientes en América Latina ha alimentado narrativas de ultraderecha. La incapacidad de estos gobiernos para cumplir las expectativas de una clase trabajadora sedienta de cambios estructurales ha derivado en crisis políticas y sociales, con consecuencias como el desplazamiento forzado, la migración masiva y el desempleo.
Estas variables generaron las condiciones necesarias para la formación de un enemigo funcional que justificara la intervención en territorios soberanos. En este contexto, el narcoterrorismo se erige como la forma más eficaz de alimentar los deseos de injerencia extranjera.
La ineficiencia de los organismos internacionales ha demostrado que los esfuerzos por generar un marco institucional basado en el Derecho Internacional han sido insuficientes. Mientras se mantenga un sistema jurídico en donde la justicia parece inclinarse en favor de unos cuantos, no podrá hablarse de cooperación internacional verdadera.
Los Estados, más allá de sus controversias internas, deben velar por la soberanía. El respeto a las decisiones tomadas por los pueblos es de suma importancia en este siglo de interconexión. La injerencia extranjera en territorios soberanos viola cualquier protocolo y marco normativo existente. Corresponde al pueblo venezolano, y solo a él, decidir el futuro de su gobierno y sus recursos naturales.
REFERENCIAS:
1. Heike Clara Pintor Pirzkall, “América Latina. Una relación difícil”, Política exterior de los Estados Unidos, España, Universidad Pontificia de Madrid, pp. 87*-12






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