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MINUTO 70: REFORMA ELECTORAL EN JUEGO

  • Foto del escritor: José Miguel Díaz Rivera
    José Miguel Díaz Rivera
  • 10 mar
  • 3 Min. de lectura


Estamos cerca del minuto 70. La afición está al filo de la butaca, porque el partido entra en su recta final. En la cancha, los guindas y los blancos viven un momento decisivo: no saben si bajarla de pecho, peinar el balón o simplemente hacer besar las redes

 

El estadio se encuentra encendido. La tribuna canta, grita y vibra con cada jugada. Todo parece listo para un cierre emocionante… pero de pronto, el árbitro levanta el silbato -¡Piii!- el juego se detiene y, para sorpresa de todos, anuncia qué las reglas han cambiado; ahora resulta que el fuera de lugar se marca distinto, que las tarjetas se reparten con nuevos criterios y que la portería, ya no está donde estaba hace unos minutos. 

 

La reacción es inmediata. Desde las gradas bajan los abucheos, los jugadores reclaman. El ambiente se calienta. Porque hay algo que cualquier aficionado sabe: El fútbol sólo funciona cuando las reglas son claras desde el principio; cambiar el reglamento a mitad del partido no es estrategia, es trampa. 

 

Si lo descrito con anterioridad en un estadio ocurre, nadie, absolutamente nadie, lo aceptaría. Ni los jugadores, ni la afición, ni siquiera los comentaristas más neutrales, el partido perdería legitimidad, el marcador dejaría de importar y el árbitro quedaría marcado como alguien que decidió mover las porterías cuando el balón ya estaba rodando.

 

Algo muy parecido a lo anterior, es justo lo que está pasando en nuestro país, México está entrando a la cancha de un nuevo proceso electoral en distintas regiones. El calendario ya está corriendo, los partidos políticos empiezan a calentar, la ciudadanía observa desde la tribuna y el balón democrático empieza a rodar; sin embargo, justo en este momento, desde el Poder Ejecutivo Federal se ha envíado a la Cámara de Diputados una propuesta de reforma qué pretende modificar las reglas de nuestra democracia. 

La democracia, como el fútbol, necesita reglas claras, árbitros confiables y un terreno parejo para todos los equipos; cuando las condiciones anteriores se alteran a mitad del encuentro, lo que se pone en juego no es solo el resultado del partido sino la confianza de toda la afición. 

 

La discusión sobre una reforma electoral entonces, no es un tema de menor importancia. Se trata de modificar el reglamento con el que se juega el partido más importante de una democracia: la elección de quienes ejercerán el poder público; en el fútbol los cambios al reglamento suelen analizarse cuidadosamente antes de cada temporada o torneo. Las federaciones revisan minuciosamente si una regla mejora el juego, evita abusos o hace el deporte más justo. Pero lo que rara vez ocurre es que las reglas se modifiquen en pleno desarrollo del partido; en la política, las reformas electorales deberían de responder a una lógica similar. Cambiar las formas de ver la democracia, pueden ser necesarias cuando se busca mejorar la competencia, reducir las desigualdades o fortalecer la transparencia en los procesos electorales, sin embargo, cada modificación al sistema también genera cuestionamientos qué son legítimos ¿El cambio fortalece la democracia o la debilita? ¿Garantiza una cancha más pareja o crea ventajas para determinados actores políticos? ¿Contribuye  a que los ciudadanos confíen más en el resultado de las elecciones o aumenta la sospecha sobre el proceso?.

 

Por eso, la discusión sobre la reforma electoral no debería verse únicamente como un debate técnico o jurídico. Debería verse como una conversación sobre el tipo de partido democrático que queremos jugar como país. Un partido donde las reglas se construyan con consenso y visión de largo plazo, o uno donde el reglamento cambie, dependiendo de quién tenga momentáneamente el control del balón. 

Al final, la comparación con el fútbol deja una enseñanza clara. Un buen partido  no solo se define por los goles anotados, sino por la certeza de que se jugó limpiamente. Los jugadores pueden salir derrotados, pero si saben que el árbitro fue justo, y que las reglas se respetaron, aceptarán el resultado  y volverán a competir en el siguiente torneo. 

 

Por eso, cuando se habla de reformar las reglas del juego democrático, hay que recordar algo que cualquier aficionado entienda desde la tribuna: el fútbol solo emociona cuando todos saben que el marcador se decide en la cancha y no en la mesa del árbitro. En Política pasa igual, las reformas electorales deben fortalecer el juego, no inclinar la cancha, por que al final del día, la democracia es el torneo más importante que jugamos como país, y en ese campeonato, lo que está en juego no es sólo quién levanta la copa del poder, sino que la afición siga creyendo que vale la pena volver al estadio a votar. 

 

Estamos en el tiempo agregado. El reloj corre, la afición contiene el aliento, la verdadera victoria es que cada elección se juegue limpio, ¡entonces sí, señoras y señores… es gol de la democracia!

 

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