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ENTRE EL DERECHO Y LA REALIDAD: LO QUE LA LEY DE RENTAS JUSTAS DICE SOBRE EL MÉXICO QUE QUEREMOS

  • Foto del escritor: Quiauxochilth Rubí Quezada Ruiz
    Quiauxochilth Rubí Quezada Ruiz
  • 27 abr
  • 3 Min. de lectura


Hablar de vivienda en México y especialmente en la Ciudad de México ya no es solo hablar de un techo, es hablar de oportunidades, de desigualdad y, en muchos casos, de sobrevivir en una ciudad que cada vez parece más cara e inaccesible, es por eso, que la propuesta de la llamada “Ley de Rentas Justas, Razonables y Asequibles” no solo es un tema legislativo, esto es un tema profundamente social.


Como mujer de 25 años interesada en la política y en mejorar las condiciones de vida en nuestro país, no puedo evitar ver esta iniciativa como un reflejo de algo más grande, lo cual es la tensión constante entre el mercado y los derechos.


La primera pregunta a responder es el que propone realmente la ley, y es que la iniciativa impulsada en la capital busca, entre otras cosas, limitar los aumentos de renta para que no superen la inflación, regular el mercado inmobiliario y proteger a los inquilinos frente a abusos o desalojos arbitrarios, además, se plantea la creación de mecanismos como una defensoría para inquilinos y políticas complementarias de vivienda social. En teoría, suena justo, y si, de cierta forma lo es, porque responde a una realidad evidente, la cual es el aumento desmedido de rentas que ha expulsado a miles de personas de sus colonias, generando fenómenos como la gentrificación y debilitando el tejido social de la ciudad.


Pero la política, como la vida, rara vez es tan sencilla, aquí nos encontramos ante una vertiente la cual es el difícil equilibrio de proteger sin desincentivar. A lo que me refiero con esto es que uno de los grandes retos de esta ley está en lograr un equilibrio real entre quienes rentan y quienes invierten en vivienda, porque sí, proteger a los inquilinos es necesario, pero también lo es mantener un mercado inmobiliario funcional. Bajo este razonamiento hay quienes argumentan que regular las rentas puede generar incertidumbre para los propietarios o incluso desincentivar la inversión, otros sostienen lo contrario, y es que reglas claras dan certeza jurídica y pueden formalizar el mercado.


Y aquí es donde entra el verdadero reto legislativo, el cual es no caer en soluciones simplistas, porque si la regulación es excesiva, puede provocar escasez de vivienda en renta; pero si no existe regulación, el mercado puede volverse abusivo como estaba resultando ser en los últimos años.


Desde mi perspectiva, esta ley debería verse como un intento todavía imperfecto de corregir un desequilibrio estructural y es que esto va más allá de un simple aumento en costos de vida, esto va desde una deficiencia en el sistema. Donde entra el cuestionamiento de si, ¿el derecho a la vivienda es más que un discurso? Porque hay algo que me parece clave, y es que, esta ley pone sobre la mesa una pregunta incómoda pero necesaria… ¿la vivienda es un derecho o un negocio? En México, constitucionalmente, el acceso a una vivienda digna es un derecho, pero en la práctica, muchas veces funciona como un privilegio, y eso es algo que, como generación joven, nos pega directamente.


Hoy, independizarse ya no es solo una decisión personal, es un reto económico enorme, donde nos enfrentamos a rentas altas, contratos poco claros y poca protección legal son parte del panorama. Es por eso, que iniciativas como esta, aunque no sean perfectas, abren una conversación urgente sobre si el estado cumple con su papel de garantizar condiciones mínimas de acceso a la vivienda.


Más allá de la técnica jurídica, la Ley de Rentas Justas nos obliga a pensar en algo más profundo: ¿qué tipo de ciudades queremos? ¿Ciudades para vivir o ciudades para invertir? Ya que no se trata solo de leyes, sino de decisiones que impactan directamente la vida diaria de las personas.


La clave estará en cómo se diseñe e implemente esta ley, pues si se hace bien, puede convertirse en un precedente importante para todo el país, por el contrario, si se hace mal, podría generar más problemas de los que busca resolver, pero algo es claro, ignorar la crisis de vivienda ya no es una opción.


Y tal vez, solo tal vez, este tipo de iniciativas son el primer paso para empezar a construir un México donde vivir dignamente no sea un privilegio, sino una realidad.

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