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ECOS DE LA NACIÓN

  • Foto del escritor: Claudia Arianne Noriega Gallardo
    Claudia Arianne Noriega Gallardo
  • 22 dic 2025
  • 2 Min. de lectura


“Ser joven y no ser revolucionario es una contradicción hasta biológica” frase que forma parte del discurso de Salvador Allende, la cual ha motivado a millones de jóvenes a salir a las calles hoy en día a protestar, a marchar y alzar la voz.


Todo es política hasta la indiferencia, pero la participación ciudadana ha sido motor de cambio en México y esta continúa en ascenso. Cabe mencionar, que el papel de las redes sociales es fundamental ya que está transformando la forma en que la ciudadanía se organiza, se convoca y se comunica, es ahí donde las plataformas y su eficiente manejo facilitan su creación dando mayor visibilidad, difusión y legitimación a los movimientos y protestas a través de los tiempos y medios. 


En el transcurso de los años, contamos con una historia rica en movimientos sociales para lo cual mencionaremos algunos de gran relevancia, entre ellos el movimiento estudiantil de 1968, el movimiento zapatista, #yosoy132, el movimiento por Ayotzinapa, así como los movimientos feministas y ambientalistas contemporáneos, etc. Asimismo, los movimientos y las protestas son un fenómeno social que simboliza el rechazo, la disconformidad y la resistencia, de una colectividad ante estructuras ineficientes ya sean del Estado, la administración pública, y de las instituciones sociales. 


Por otra parte, se menciona que antes de actuar con violencia y crear un auténtico ruido, se debe de optar por otras medidas y medios de solución a las controversias y demandas de la sociedad que opten por el camino de la paz y el orden, pero cómo podemos hacer uso de estos “medios” cuando las demandas iniciales no son vistas ni escuchadas, cuando las solicitudes de justicia son como ese expediente que se juzga sin ser abierto, o como cuando las autoridades competentes nos dan la espalda en lugar de un espacio en su agenda. 


Las demandas no existirían si no se ofertara un mal gobierno, si nuestra vida fuera próspera, sin carencias, sin una esfera jurídica fracturada y en vías de desarrollo. Es cuestión de humanidad, puesto que no somos cifras, somos vidas.


Yo me pregunto ¿En qué se han convertido nuestros derechos?, ¿Acaso son invisibles?, ¿Acaso somos mudos?.


“Yo veo un México con hambre y con sed de justicia” mencionó en su momento el político Luis Donaldo Colosio, frase que ha prevalecido a través de la historia y que curiosamente hoy en día podríamos seguir utilizando. 


Es menester mencionar él recelo existente sobre determinados grupos, los cuales parte de lo que son hoy en día, se establecieron y fortalecieron con aquellas marchas, gritos y carpas afamadas por un pueblo que los seguía, los respaldaba y se encontraba inconforme. Protestaron para alcanzar sus objetivos, sin en cambio cuando utilizamos nuestro derecho a la protesta y la situación no les favorece a ellos, el silencio y la sangre son sus pilares. 


Porque cuando el gobierno falla, la ciudad se organiza. 


Si algo me queda claro, es que el silencio nunca será una opción y a los manifestantes, se les debe de proteger, sin duda alguna. Tenemos que construir un camino hacia la grandeza nacional porque antes que nada soy una mujer sumamente orgullosa de ser mexicana.

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