CANDIDATURAS LIMPIAS: UNA DEUDA PENDIENTE EN MÉXICO
- Quiauxochilth Rubí Quezada Ruiz

- 15 jun
- 3 min de lectura

En México, hablar de política muchas veces genera desconfianza o incluso enojo, y es entendible, ya que durante años hemos visto casos de corrupción, vínculos con el crimen y funcionarios que llegan al poder prometiendo representar al pueblo, pero terminan beneficiándose a sí mismos. Por eso, cuando comenzó a discutirse la reforma para impedir que personas relacionadas con grupos criminales puedan ocupar cargos públicos, me pareció un tema no solo importante, sino urgente.
Creo que uno de los mayores problemas que enfrentamos actualmente es la pérdida de confianza en nuestras instituciones y en quienes están al frente de ellas, y esa confianza no se recupera con discursos bonitos ni campañas llenas de promesas; se recupera asegurándonos de que quienes aspiran a gobernar realmente tengan la integridad necesaria para hacerlo.
En teoría, parece algo lógico que nadie vinculado al crimen organizado debería poder representar a la ciudadanía, pero en la práctica, la situación es mucho más compleja. En México, el crimen organizado ha logrado infiltrarse en distintos niveles de gobierno, especialmente en municipios y estados donde la violencia y la corrupción han debilitado las instituciones, por eso considero importante el papel que ha tomado el Instituto Nacional Electoral (INE) en la verificación de candidaturas, debido a que el hecho de que exista una revisión más estricta sobre antecedentes, investigaciones o posibles vínculos criminales puede ser un paso importante para proteger los procesos electorales. Sin embargo, también considero que darle demasiado poder al INE en este tema puede ser riesgoso, y aquí cabe mencionar que existe una frase muy conocida que dice que nadie debería ser “juez y parte”, y justamente eso es lo que preocupa a muchas personas con esta reforma, pues el INE tiene una función fundamental en la democracia, que es organizar elecciones y garantizar que los procesos sean transparentes, pero convertirlo también en una especie de filtro moral o investigador sobre quién puede competir políticamente podría ponerlo en una posición demasiado delicada.
Porque sí, votar es un derecho, pero también debería ser una garantía el que las opciones que aparecen en la boleta cumplen con estándares mínimos de legalidad y ética, sin embargo, también creo que aquí debemos ser muy cuidadosos, porque en un país donde la justicia muchas veces es lenta, selectiva o influenciada, existe el riesgo de que estas herramientas se utilicen de manera arbitraria y eso sería igual de peligroso, pues no podemos permitir que la lucha contra el crimen organizado se convierta en una excusa para eliminar adversarios o manipular elecciones. Y ese es el verdadero reto, pues nos encontramos entre proteger la democracia y respetar los derechos políticos de las personas, porque, aunque queremos candidaturas limpias, también necesitamos procesos transparentes, objetivos y justos.
Algo que me parece importante mencionar es que esta conversación no debería quedarse únicamente en las instituciones, pues como ciudadanos, también tenemos una responsabilidad enorme, muchas veces criticamos a los políticos, pero a la hora de ejercer nuestro derecho al voto no investigamos quiénes son, qué trayectoria tienen o qué intereses representan, o peor aún ni siquiera acudimos a votar, y en este punto es necesario entender que la integridad en la política no depende solo del INE o de las reformas; también depende de una ciudadanía más informada y más exigente. Vivimos en una época donde la información está al alcance de todos, hoy podemos investigar, comparar propuestas, revisar antecedentes y cuestionar a quienes buscan representarnos, y sinceramente, México necesita más ciudadanos críticos y menos indiferencia política.
Porque al final, permitir que personas vinculadas al crimen lleguen al poder no solo afecta la imagen de la política o los partidos; afecta directamente nuestra seguridad, economía y calidad de vida, significa gobiernos que responden a intereses criminales y no a las necesidades de la gente, y esto quiere decir que no estamos hablando de un problema aislado, sino de un riesgo real para la democracia.
La democracia no se defiende solo el día de las elecciones, también se defiende cuidando quiénes llegan a la boleta y quizá esa sea una de las discusiones más importantes para el futuro del país, recordar que la integridad de las candidaturas no es un tema técnico o lejano, sino algo que impacta la vida diaria de todos nosotros.






Situaciones que cada día se salen más de control, por eso la importancia de sumar con las buenas acciones y el ejemplo a partir de nuestro núcleo.
Me parece excelente la forma de analizar y expresar ésta problemática.