2027 Y EL CANSANCIO POLÍTICO: CUANDO LAS OPCIONES NO CONVENCEN
- Alí Sharon Martínez Alfaro

- 18 ene
- 3 Min. de lectura

Se aproxima el proceso electoral 2027, una de las elecciones más importantes del gobierno en turno donde más de la mitad del país irá a las urnas para renovar la cargos a diputados federales, gubernaturas, congresos locales, así como alcaldías de la CDMX, por lo que miles de mexicanos deberán pensar, y, ¿por qué no?, repensar, sobre las opciones políticas actuales, sus propuestas, la forma en la que hacen y han estado haciendo política, pero sobre todo, deberán reflexionar sobre el modo en el que se han articulado con la sociedad y preguntarse si la confianza que les han otorgado a través de sus votos, afiliaciones y simpatía se han visto realmente reflejadas a través de sus labores en los distintos niveles de gobierno y cargos de poder.
Bajo esta premisa, conviene recordar que, en una democracia representativa, el ejercicio de evaluación ciudadana no puede limitarse únicamente a lo anterior. También resulta indispensable cuestionarnos si, entre las alternativas que ofrece el mercado electoral, existe —o debería existir— otro tipo de fuerza política capaz de asegurar, diversificar y estimular, en un entorno competitivo, la participación de más y distintos grupos con nuevas voces y propuestas, al tiempo que genere contrapesos efectivos y evite la hegemonía de una sola tendencia ideológica. Tal y como ocurrió hace un par de sexenios, donde se evidenció la necesidad de abrir paso a una nueva corriente política que atendiera no sólo las demandas sociales pendientes, sino que, además, de forma “esperanzadora”, fomentará una dinámica más “sana” entre los contendientes políticos.
No olvidemos que el surgimiento de nuevas alternativas, en este caso, a través de partidos políticos, va más allá de ampliar la oferta y pluralizar los canales de representación, sino que también nos revela qué tan sólido se encuentra nuestro sistema de partidos y forma de gobierno, qué áreas de oportunidad tendríamos que aprovechar o mejorar y desde dónde tenemos que actuar, ya que de un análisis transversal, podríamos identificar si lo que se vive en México actualmente, entre la lucha de banderas, se traduce en un problema de legitimidad o un debilitamiento institucional al interior y/o fuera de cada partido político, producto de incompatibilidades y confrontaciones ideológicas absurdas, o en su caso, por encontrarse rebasados por las exigencias e intereses de la población. Por lo que, más allá de ser preocupante, la situación amerita observar con mayor detenimiento la pretensión de conformar nuevas agrupaciones políticas, y el fracaso de otras tantas en los diferentes niveles de gobierno, ya que ello puede mostrarnos que el problema puede surgir por la poca polarización en las formas de hacer política y la incapacidad de interactuar entre los distintos actores políticos, a fin de garantizar espacios seguros de competencia donde sean bienvenidas todas las formas de expresión y cooperación para la resolución de problemas coyunturales a corto, mediano y largo plazo.
En ese contexto, y aunque el tablero de ajedrez parezca estar constreñido por nuevas normas (algunas pendientes de revelarse, como el caso de la propuesta de eliminación de cargos asignados por el principio de representación proporcional), hay quienes parecen optimistas, respecto a los próximos comicios, donde se espera, se den a conocer por parte del Instituto Nacional Electoral (INE), nuevas piezas que causen impacto real en el ecosistema electoral, participando activamente y aportando significativamente al juego por la democracia. Aunque el panorama no parece alentador - ya que, de las 89 pretensiones para consolidar un nuevo partido político, solo 12 se mantienen firmes y apegados a los requisitos legales- es evidente que persiste, en mayor o menor medida, una resistencia a las formas arcaicas de dirigir y representar al país.
En ese sentido, solo quedaría preguntarnos: ¿el electorado seguirá votando por los partidos tradicionales desde la resignación y ante la ausencia de mejores alternativas, o daremos paso a otra opción que eleve nuestras expectativas de cambio y mejora? ¿realmente surgirá una opción que valga la pena apoyar? ¿qué cartas tendrían que jugar los partidos políticos vigentes para conservar el apoyo y la credibilidad de las y los mexicanos?






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