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RIESGOS POLÍTICOS EN MÉXICO: DONDE EMPIEZA EL PROCESO ELECTORAL

  • Foto del escritor: Mariela Jiménez Aviles
    Mariela Jiménez Aviles
  • 19 ene
  • 3 Min. de lectura


El año nuevo, 2026, es un año importante, pues es un puente, es donde se consolidan las condiciones políticas, institucionales y sobre todo sociales que marcarán la competencia rumbo a las elecciones de 2027. Los riesgos políticos no deben entenderse como eventos aislados, sino como procesos acumulativos que, de no atenderse, pueden afectar la equidad democrática, la gobernabilidad y la confianza ciudadana.


Ponerle nombre a los desafíos institucionales, sociales y operativos que enfrenta el país en 2026 permite identificar no solo los riesgos existentes, sino también los mecanismos a través de los cuales estos se normalizan, sabiendo que si no vistes el color del gobierno ya tienes muchas puertas cerradas, pues  existen demasiados juicios de valor, ya implantados hacia la “oposición”. La idea central,es que,  los mayores riesgos de una elección no surgen durante la campaña, sino en los años previos, cuando las reglas del “juego” comienzan a inclinarse.


Uno de los principales riesgos políticos en México se encuentra en el ámbito institucional. Durante los últimos años, el país ha experimentado tensiones recurrentes entre poderes, así como debates constantes sobre el papel y la autonomía de diversas instituciones encargadas de garantizar el equilibrio democrático. En 2026, estas tensiones adquieren una relevancia particular, pues se desarrollan en un momento previo a la reorganización política que antecede a las campañas.


El uso estratégico de los recursos públicos, la centralización de decisiones y la narrativa de legitimidad concentrada en un solo proyecto político generan una percepción de cancha desigual. Cuando las instituciones pierden su carácter arbitral y comienzan a ser percibidas como actores dentro de la contienda, se debilita aún más la confianza en el sistema y se reduce la democracia.


Por otro lado, los riesgos operativos representan uno de los desafíos más determinantes del escenario político actual. En 2026, la concentración de estructuras territoriales, recursos humanos y capacidades logísticas en torno a un partido dominante genera una asimetría que afecta directamente la competencia política. Pues hay demasiado de algunos y muy poco de otros.


En el plano social, México enfrenta un contexto de creciente polarización política, que afecta directamente la calidad del debate público y lo más importante, la participación ciudadana. La identificación partidista ha dejado de ser únicamente una preferencia ideológica para convertirse en un elemento que define la legitimidad social de las personas en el espacio público.


Esto se traduce en un ambiente donde la discrepancia política puede generar estigmatización, autocensura o inhibición de la participación. Esto es una fragmentación social que debilita los consensos mínimos necesarios para una competencia democrática sana, y hasta la “simple” convivencia familiar. 


Diversas experiencias recientes, evidencian que la actividad política en territorio se vuelve significativamente más compleja cuando no se cuenta con el respaldo de la estructura de los que están en el poder. Caminar por las calles, organizar encuentros o posicionar mensajes puede implicar obstáculos adicionales que se han impuesto. Pues si no vistes cierto color, no eres escuchado, va desde ejercicios sencillos como que te reciban un “folleto” o siquiera escuchar los problemas de su comunidad, y bajo este contexto no se podría ni pensar en el voto. Por eso, es importante esta etapa donde se define quién puede competir en condiciones reales y quién enfrenta barreras  desde el inicio.


La relevancia de 2026 radica en ser la antesala electoral. Aunque las campañas aún no comienzan, las decisiones institucionales, las dinámicas sociales y las prácticas operativas que se consolidan durante este año tendrán un impacto directo en la elección de 2027.


Ignorar los riesgos políticos en este periodo implica aceptar que la contienda electoral inicie con condiciones previamente desequilibradas. Por el contrario, reconocerlos permite abrir un espacio de reflexión y acción desde el ámbito legislativo y democrático, orientado a fortalecer la equidad, la pluralidad y la confianza en el sistema político. Atender de raíz los problemas que se enfrentan en el 2026, es una tarea indispensable,pues en una sociedad cansada de la “política vieja”, donde todo se va en palabras y no en hechos, se suma la percepción de que las reglas no se aplican de manera equitativa, esto es sumamente delicado porque incrementa el riesgo de apatía, pues limita la pluralidad de voces y reduce la capacidad de la sociedad para exigir condiciones justas antes siquiera del inicio de las campañas.


Reconocer los riesgos existentes antes de las campañas, implica abrir la mente a una discusión más profunda sobre la democracia que queremos. Es ver más allá del momento electoral.   

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