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REFLEXIONES SOBRE LAS BOLETERAS

  • Foto del escritor: Alexis Michel Arellano Gallegos
    Alexis Michel Arellano Gallegos
  • 9 feb
  • 3 Min. de lectura


Recientemente comenzó a circular por incontables medios de comunicación una interesante noticia, que tenía a bien anunciar la llegada de regulaciones severas y trascendentales respecto a la conducción de boleteras; con la finalidad de que estas últimas ejercieran sus negocios en apego a los derechos del consumidor, los que desde luego, se podrían ver sumamente beneficiados.

 

Los derechos del consumidor los podemos situar como una extensión de los derechos humanos, que si bien, los relativos al consumidor para nada serían fundamentales al enfocarse generalmente en regulación de prácticas suntuarias, también es cierto en un México y un mundo globalizado y capitalista, desde luego que se pueden contemplar como básicos al interior de la cotidianidad. Estos derechos nos acompañan a diario, desde que acudimos a comprar lo necesario para el desayuno, como al momento de atender situaciones más complejas como la adquisición de bienes, o la satisfacción de la recreación. Es precisamente ese último aspecto el que detona las recientes declaraciones sobre las boleteras, pues es un hecho por todos conocido, que anteriormente han existido fuertes polémicas donde se señala, que estas empresas encargadas de proveer boletos y pases para eventos masivos, generalmente musicales o de otro carácter artístico, realizan prácticas desleales, abusivas, y obscuras, que desde la óptica jurídica, efectivamente, atentaría contra los derechos del consumidor.

 

La Procuraduría Federal del Consumidor (PROFECO), es por lejos el organismo de gobierno con mayor presencia en redes sociales, al ser invocado para pronunciarse en toda clase de problemáticas que presuntamente violentan derechos del consumidor, todo ello al interior de las propias redes sociales. Este caso no es la excepción, pues fue precisamente el uso de estos medios lo que detonó lo ahora analizado; demostrando al mismo tiempo, la buena fe que las personas afectadas y potencialmente afectadas tiene sobre el actuar de este organismo. Todas las polémicas y la intervención de PROFECO anteriormente, han demostrado que existe un gran problema con la reventa y la transparencia de las boleteras. Prácticas como la reventa surgen directamente del libre mercado, pues una persona tendría el derecho de realizar transacciones como mejor le acomode, sin embargo, se ha demostrado, que son las mismas boleteras quienes permiten, presuntamente de manera fraudulenta, que ciertas personas afines a esas empresas, puedan comprar boletos en masa, para posteriormente revenderlos a un sobre costo, casualmente, cuando la boletera principal, anuncia un “sold out”. Desde luego que regular un fenómeno como la reventa sería elementalmente complicado, pues involucra políticas internas de la propia boletera, sin embargo, se han logrado avances para que las empresa del gremio boletero, limiten la cantidad de boletos que una sola persona pueda adquirir. Esa regulación no es una novedad, pues PROFECO ha resuelto casos en favor de consumidores que fueron víctima de reventas fraudulentas, que a su vez, derivaron en clonación de boletos y otras lamentables situaciones. Otro problema que tiene a bien solucionar el paquete de regulación de PROFECO es la falta de transparencia, que fomenta al mismo tiempo la reventa y los fraudes entorno a ella; precisamente la transparencia en cantidad de boletos en cada etapa de venta, así como claridad en mapas de evento, y quizá eliminando con ello los problemas de logística, así como las prácticas monopólicas de boleteras. 

 

Estas regulaciones surgen en momentos críticos del país, que nos hacen pensar si realmente debe ser una prioridad del gobierno, sus organismos, así como de medios de comunicaciones hacer tanta parafernalia al respecto, aunque por otro lado, debemos pensar en el derroche económico que los eventos masivos como conciertos traen a la región, que si bien no se compara con los otros problemas nacionales, quizá es más reconfortante para el ciudadano común, pensar en la alegría de un concierto antes que pensar en las pestes del país. Sea cual sea el fruto de estas regulaciones, así como del sentir popular ante ellas, no podemos negar la trascendencia de los eventos masivos, que más allá de economía, turismo y acceso a las artes, puede llegar a fomentar una cultura de paz entre los asistentes que se desprenden de la realidad por un momento para pasar un buen momento, por lo que precisamente, ello promueve respeto a los derechos del consumidor, quienes muchas veces, con esfuerzo adquieren boletos y se trasladan al evento para toparse con infortunios promovidos por boleteras y malas prácticas adyacentes, que arrebatan la paz que debería traer un evento de la clase.

 

El ciudadano debe tener acceso a la recreación y al respecto de sus derechos (de cualquier clase), por lo que esperemos que estas regulaciones fomenten esos aspectos analizados, y eliminen de una vez por todas los obstáculos para que el hombre ejerza aquella relación tan bella con el arte y la recreación. 

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