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EL HOOK A LA SOBERANÍA…

  • Foto del escritor: Karla Patricia Gómez García
    Karla Patricia Gómez García
  • 15 jun
  • 4 min de lectura


El derecho a decidir el rumbo de nuestro país no es un cuento del pasado ni un discurso de la vieja política; es el escudo más real que tenemos como ciudadanía. La Constitución lo dice claro en su artículo 39: el poder es de la gente y solo debe servir para ayudar a la gente. Hoy, la forma más poderosa de usar ese escudo como mexicanos en un país con leyes que nos protegen es con un voto libre y valiente.


Pero ojo, porque es evidente que el mundo cambió porque las trampas a la democracia ya no solo se intentan hacer en la casilla de nuestras colonias; ahora los ataques viajan por internet, se esconden en servidores del otro lado del mundo y se disfrazan de noticias falsas en nuestros celulares para intentar manipular lo que pensamos. Defender el futuro de nuestro país ya no es solo un reto local, es una batalla digital y global. Por eso, las reglas del juego tenían que actualizarse con una reforma de vanguardia: ahora, si una nación extranjera mete las manos para alterar una elección, es evidente que ese proceso se anula por completo. Y es claro que no vamos a permitir que nadie de afuera decida el destino que solo nos toca construir a nosotros. ¡El poder es de nosotros y el futuro lo debemos de defender con transparencia!


Antes, nuestras leyes eran para castigar las trampas en las elecciones que  estaban pensadas a la antigua porque solo vigilaban los problemas "de casa", como cuando alguien compraba publicidad ilegal en radio y tele, o desviaba recursos públicos locales. Aunque siempre ha estado prohibido que gobiernos extranjeros financien campañas, no había una forma clara ni un castigo directo en la ley electoral para frenarlos si lo hacían de otra manera.


Dejar ese vacío en la ley era como dejar la puerta de la casa abierta en plena era digital. Y eso nos volvía vulnerables a amenazas modernas que la vieja política ni se imaginaba cómo los hackeos informáticos, dinero oculto a través de criptomonedas y algoritmos programados desde el extranjero para llenarnos de odio las redes sociales. Con esta reforma, cerramos esa puerta de golpe. Le damos la bienvenida a una ley del siglo XXI que sí entiende el mundo actual y que blinda nuestra democracia para que el futuro de México lo decidamos nosotros como ciudadanos, libre de hilos o manipulaciones externas porque nuestra soberanía no se hackea.


Llevar esta reforma del papel a la realidad es todo un reto. Para que el Tribunal Electoral pueda cancelar una elección por intervención extranjera, se tiene que demostrar que esa trampa realmente cambió el resultado o que alteró tanto las cosas que ya no podemos confiar en los votos. Y aquí es donde la ley se topa con el mundo digital al demostrar de dónde vino un ataque en internet es mil veces más difícil que revisar un fajo de billetes en una campaña local.


Las autoridades electorales tienen un desafío gigante porque no es lo mismo auditar una cuenta de banco en México que rastrear dinero oculto en el extranjero, desactivar granjas de bots invisibles o detener hackeos que vienen de servidores en otros continentes. El Estado mexicano tiene que ponerse las pilas ya, actualizando su tecnología y armando alianzas internacionales de ciberseguridad. No podemos defender el futuro de nuestras urnas con herramientas del pasado mientras las amenazas viajan encriptadas y a la velocidad de la luz.


Pero ojo, como ciudadanas y ciudadanos, también debemos encender las alertas. Cancelar una elección es la decisión más grave que existe y solo debe usarse como último recurso. No podemos permitir que cada vez que alguien pierda una elección, corra a inventar el cuento de una "intervención extranjera" sin pruebas reales solo para armar berrinche, estancar al país y desgastar la confianza de la gente.


Dar el paso para castigar la intervención extranjera es una decisión valiente y súper necesaria para proteger a México. Pero el verdadero éxito de esta ley no dependerá de lo bonito que se escuche el discurso sino de tener juezas y jueces capaces con herramientas tecnológicas que decidan libres de cualquier color o interés político.


Defender el voto es cuidar la libertad de las personas y asegurar que la voluntad de las y los ciudadanos se respete por encima de cualquier interés internacional. A nuestra generación le toca vigilar, exigir tecnología y defender las causas ciudadanas para que nadie, ni de adentro ni de afuera, nos robe el futuro. Porque si el poder es de nosotros. 

 

REFERENCIAS


  • Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos [CPEUM]. (1917). Artículos 39, 41 y 99. Última Reforma Publicada en el Diario Oficial de la Federación.


  • Freidenberg, F. (2022). Reformas electorales en América Latina. Instituto de Investigaciones Jurídicas, Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). https://archivos.juridicas.unam.mx/www/bjv/libros/14/6833/17.pdf 


  • Ley General del Sistema de Medios de Impugnación en Materia Electoral [LGSMIME]. (1996). De las nulidades en materia electoral. Diario Oficial de la Federación.


  • Molina, E. J. (2014). La reforma electoral de 2014: ¿un nuevo sistema electoral? Polis, 10(2), 115-144. https://www.redalyc.org/pdf/325/32531885002.pdf 


  • Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación [TEPJF]. (2023). Justicia Electoral y Protección de los Principios Constitucionales. Coordinación General de Asesores de la Presidencia del TEPJF.

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