DESPUÉS DE “EL MENCHO”: VIOLENCIA, PODER Y EL FUTURO DE LA SEGURIDAD DE MÉXICO
- Gustavo González Tapia

- 10 mar
- 3 Min. de lectura

El pasado 22 de febrero, en el Estado de Jalisco, México, se convirtió en un escenario de intensa jornada de violencia por el abatimiento de Nemesio Oseguera Cervantes, conocido como “El Mencho”, líder y principal operador del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG). El operativo ocurrió en una cabaña ubicada en el municipio de Tapalpa, Jalisco. Al intentar detenerlo, el círculo de seguridad de Oseguera abrió fuego contra los militares, lo que desencadenó un fuerte enfrentamiento.
Oseguera Cervantes, de acuerdo con fuentes oficiales, falleció mientras era trasladado en helicóptero.
El CJNG respondió con una ola de violencia, organizando bloqueos en carreteras, incendios en vehículos y ataques contra instalaciones militares y civiles, no solo en el Estado, sino que también en otros puntos de la República. Las autoridades reportaron 252 bloqueos en 20 estados lo que provocó cancelaciones de vuelo y caos en diversas ciudades. La mayoría fueron retirados y el gobierno desplegó más elementos para reforzar la seguridad en la región.
Aunque hasta el momento no se ha presentado un sucesor oficial, suenan algunos nombres como: Carlos Valencia González, “El Pelón”, “R3” o “03”, hijastro de “El Mencho”; Hugo Gonzalo Mendoza Gaytán, “El Sapo”; Heraclio Guerrero, “El Tío Laco”; Ricardo Ruiz Velasco, “El Dobre R” o “El Tripa”; y Audias Sandoval Flores, “El Jardinero”. Solo es cuestión de tiempo para saber quién será el legítimo sucesor.
En los últimos años, la estrategia de las autoridades de Estados Unidos ha consistido en presionar a Nemesio Oseguera Cervantes mediante acciones legales dirigidas contra miembros de su familia. Su hermano, Antonio Oseguera Cervantes, fue detenido en 2022 y posteriormente trasladado a territorio estadounidense. Asimismo, su hijo Rubén Oseguera González, fue declarado culpable de narcotráfico el año pasado por una corte en Washington; fue relevante porque el juez que ordenó su traslado de México a Estados Unidos fue asesinado por órdenes de “El Mencho” cerca de su domicilio en Colima. A esto se le suma la captura de su yerno, Cristian Fernando Gutiérrez Ochoa, considerado parte de la cúpula del Cártel Jalisco Nueva Generación, quien fue arrestado en California después de haber fingido su propia muerte con el fin de evadir a las autoridades.
Otro aspecto relevante es que el CJNG mantiene una red de hackers a quienes paga salarios, viáticos y mantenimiento de equipos para realizar operaciones de ciberataque y fraude. De acuerdo con informes de Interpol y autoridades federales, tanto el CJNG como el Cártel de Sinaloa reclutan a jóvenes expertos en informática para realizar fraudes financieros, espionaje digital y ataques a sistemas gubernamentales. Esto evidencia la creciente sofisticación tecnológica del crimen organizado en México.
Mucho se ha hablado sobre las estrategias para combatir al narcotráfico, muchas de ellas siguen sin aplicarse plenamente. Entre las medidas más señaladas se encuentran el fortalecimiento de policías estatales y municipales, reformas al sistema de procuración de justicia, combate frontal a la corrupción local, políticas de prevención social en zonas de alta vulnerabilidad e inteligencia financiera y congelamiento de activos.
En este sentido, el abatimiento de Nemesio Oseguera Cervantes representaría uno de los golpes más significativos contra el Cártel Jalisco Nueva Generación y contra el crimen organizado en México en los últimos años. Sin embargo, la historia reciente del país demuestra que la eliminación de líderes criminales rara vez implica la desaparición de las estructuras que sostienen a estas organizaciones. Por el contrario, en múltiples ocasiones ha dado paso a procesos de fragmentación, disputas internas y reacomodos territoriales que terminan generando nuevos ciclos de violencia.
Por ello, más que una victoria definitiva, la muerte de “El Mencho” debería entenderse como un momento crítico para replantear la política de seguridad nacional. El verdadero desafío para el Estado mexicano consiste en ir más allá de los golpes mediáticos y construir una estrategia integral que fortalezca las instituciones de justicia, debilite las redes financieras del crimen y reduzca las condiciones que permiten la expansión de las organizaciones criminales. Solo así será posible transformar un triunfo táctico en un avance real y duradero en materia de seguridad.






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