SE ACABARON LOS ABRAZOS… Y LLEGARON LOS BALAZOS
- Alan Amaury Huazo Navarro

- 10 mar
- 3 Min. de lectura

La seguridad de los pueblos a mi mando es, como decía José de San Martín, el más sagrado de los deberes, y México lo dejó claro con el abatimiento de Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación.
Este hecho histórico representa el mayor golpe al crimen organizado en al menos 30 años y marca un punto de inflexión en la estrategia de seguridad del país, demostrando que el Estado puede actuar con firmeza y coordinación frente al crimen organizado, protegiendo a la ciudadanía y reafirmando su capacidad de decisión en momentos críticos. Más que un golpe a un solo individuo, simboliza un cambio de rumbo en cómo el gobierno enfrenta la violencia y la impunidad que durante décadas desafiaron al país. Este operativo no solo es un resultado tangible de la política de seguridad actual, sino un precedente histórico que puede definir la manera en que México enfrenta a los grandes cárteles en el futuro.
El operativo también retoma el espíritu del mensaje proyectado en el Monumento a la Revolución: "Presidenta, sígale, rompa el pacto político-criminal". La coordinación de fuerzas federales, estatales e internacionales, sumada a la inteligencia aplicada, demuestra que la estrategia ya no es la misma que la administración anterior: ahora es más ruda, directa y eficiente, aprendiendo de los errores del pasado y corrigiendo políticas que no lograron frenar al crimen organizado. El contraste con la administración previa es evidente; lo que antes se intentaba resolver con tolerancia y estrategias blandas ahora se enfrenta con firmeza y resultados medibles.
Los resultados son palpables más de 43 mil detenciones, aseguramiento de más de 23 mil armas, destrucción de más de 320 toneladas de droga y el desmantelamiento de cientos de laboratorios de metanfetaminas. Este operativo no solo demuestra eficiencia, sino también coordinación entre fuerzas federales, estatales y organismos internacionales. Estados Unidos compartió información clave para localizar a “El Mencho”, mientras empresarios, opositores e incluso antiguos críticos han reconocido el logro, destacando la capacidad de la administración para unir al país frente a una amenaza común.
Si bien los resultados son significativos, no se puede ignorar que los desafíos continúan. La estructura del crimen organizado sigue activa, los grupos menores y células del cártel podrían reagruparse y los riesgos de violencia persistente se mantienen. Por eso, la continuidad de la estrategia y la firmeza en la toma de decisiones son esenciales: no se trata solo de un golpe aislado, sino de un cambio sostenido que transforme la manera en que el Estado combate a quienes amenazan la seguridad y la tranquilidad de la población.
En mi opinión, la presidenta ha dejado claro que, cuando afirmas tu capacidad para tomar una decisión final, es parte de su responsabilidad como líder: actuar con firmeza y eficacia para cumplir con el mandato de proteger a la población y ejecutar la estrategia de seguridad de manera efectiva. Este enfoque demuestra que el liderazgo se mide en acciones concretas, resultados tangibles y la capacidad de mantener la cohesión del Estado frente a amenazas graves, más que en discursos o gestos simbólicos.
El abatimiento de “El Mencho” no solo debilita al Cártel Jalisco Nueva Generación, sino que envía un mensaje de disuasión a otros grupos criminales que podrían desafiar al Estado. Representa un cambio estructural que, bien gestionado, puede traducirse en reducción de la violencia y recuperación de territorios que durante años estuvieron bajo el control de la delincuencia organizada. Sin embargo, este cambio también plantea preguntas legítimas: ¿podrá mantenerse esta estrategia con la misma intensidad? ¿Se corregirán errores del pasado para evitar que la violencia resurja con fuerza? La experiencia histórica muestra que la consolidación de resultados requiere consistencia, inteligencia estratégica y coordinación institucional permanente.
El futuro de la estrategia de seguridad dependerá de la capacidad del gobierno para anticipar riesgos, actuar de manera oportuna y garantizar que la acción del Estado sea simultáneamente firme y legal. Aunque existen retos, la continuidad de la estrategia es imprescindible para mantener los avances alcanzados y consolidar un modelo de seguridad que priorice la protección de la ciudadanía, la legalidad y la estabilidad del país. La acción coordinada de las fuerzas de seguridad, la inteligencia estratégica y la colaboración con actores nacionales e internacionales es la vía para transformar los resultados aislados en un cambio sostenido y duradero.
México tiene ahora la oportunidad de consolidar una estrategia de seguridad que combine firmeza, inteligencia y prevención, aprendiendo de los errores del pasado y fortaleciendo los aciertos. Es momento de que la sociedad, los sectores productivos y los gobiernos locales reconozcan este avance y trabajen de manera conjunta para que los resultados se traduzcan en seguridad y bienestar para todos los mexicanos.
Y como dijo una famosa cantautora “Cuando dices la verdad no necesariamente tienes que gritarla, siempre y cuando sea directa”






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