“BACK TO THE FUTURE”: LA REFORMA ELECTORAL Y LA REGRESIÓN DEMOCRÁTICA DE MÉXICO
- Eduardo Vidaur Borja

- 10 mar
- 4 Min. de lectura

El 3 de julio de 1985, se estrenaba en las salas de cine estadounidenses (país origen) la primera de tres entregas de una de las franquicias más exitosas del cine, y también una de las historias más memorables: «Back To The Future». La trama de esta “peli” es cómo, el protagonista, volverá a su línea de tiempo original (año 1985) tras haber retrocedido en el tiempo, por accidente, al año 1955. Pero, ¿qué tiene que ver una película con la reforma electoral?
El último miércoles del mes de febrero, durante la conferencia matutina diaria, la Sria. de Gobernación junto a la presidenta Claudia Sheinbaum, presentó un esbozo del contenido de la reforma electoral, promovida desde hacía varios meses por la titular del Ejecutivo, resumido en 10 puntos clave entre los que destacó la nueva forma para elegir a los 200 diputados de “representación proporcional” (RP) de la Cámara.
Y es que la forma que se propone terminaría, en la práctica, por suprimir o anular el efecto de la representación proporcional de contrapesar la mayoría relativa para que la composición final de las Cámaras sea un reflejo de los porcentajes recibidos por cada partido del total de la votación nacional en las elecciones para diputaciones federales y senadurías.
Lo cual supone una regresión y no un avance o “progreso” como se nos quiere plantear, puesto que el modo de elección que se sugiere para estas figuras, llevado a la práctica, nos devuelve a la época en que todos los diputados y senadores eran elegidos por mecanismo de votación directa (sistema electoral mayoritario), y en el que el beneficiado era el partido en el poder.
Y es que los sistemas mayoritarios siempre distorsionan la relación entre los porcentajes de la votación que recibe cada partido a nivel nacional y el número de escaños o curúles que le corresponden en cada una de las Cámaras, de acuerdo con ese porcentaje que recibió en las urnas. Para ilustrar mejor este punto al que me refiero (los vicios del sistema mayoritario), aquí un ejemplo: Si en un distrito X, un partido A obtiene el 40% de los votos, el B le sigue con 30%, un partido C logra captar un 20%, mientras que el D el 10% restante; el único que lleva a su candidato al congreso —el que se queda con el asiento— es el que haya quedado en primer lugar dentro del distrito X. En nuestro caso, el partido A. Sin embargo, se deja fuera o excluido el voto de mucha gente para integrar el congreso, pues sus votos no cuentan o se ven reflejados en la composición final de ese congreso.
40% ni siquiera representa la voluntad de la mayor parte de la población que vive en el distrito X. Son más los votos por otros partidos que no son el A (60%), sin embargo, el único que tiene representación en el congreso —el que se queda con el asiento—, es el A. Si vivimos en democracia, ¿no debería verse reflejada toda la pluralidad del distrito?
Porque con mecanismos de elección directa como el anterior, el problema es que con el 40%, el partido A “compra” o se lleva el 100% del asiento. ¿No debería el partido B tener el 30% que la gente le dio, el C el 20% y el D el 10% que le corresponde? Este fue el propósito por el cual, a finales del siglo pasado, las fuerzas políticas de nuestro país dialogaron y concordaron, y crearon la figura de representación proporcional: para que la composición del Congreso fuese parecida al resultado total expresado en las urnas.
En Reino Unido, que tiene un sistema puramente mayoritario, cada vez son más las voces críticas que proponen lo contrario a lo que estamos haciendo en México: acabar con el sistema mayoritario. Pues tan sólo durante la elección pasada (2024), el partido laborista, que los británicos solamente les dieron el 33% de los votos totales, se llevaron el 63% de los asientos de la Cámara de los Comunes. Una distorsión enorme que no se corresponde con los porcentajes que recibió cada partido en las urnas.
La expresión “Back To The Future” en política, se usa de manera irónica para describir situaciones en las que, un gobierno o partido, plantea una serie de medidas que, en principio, “vende” o “empaqueta” como “lo nuevo” o “el futuro”; pero que en realidad implican un retroceso o una “vuelta al pasado”. Ahora resulta que el pasado (eliminar la RP como sucedía en los tiempos del PRI), es “el futuro” con esta reforma electoral.
La trama de nuestra “peli” es cómo nosotros, los ciudadanos, los protagonistas de esta historia, haremos para reencauzar a nuestro país por el sendero de la transición democrática tras un sexenio de retrocesos y golpes a nuestra democracia. Pero la pregunta es, si como Marty McFly, dejaremos que nos lleven, de Regreso al futuro, por “accidente”.






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